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4 Dres., una docente o 24 años de formación no frenan la agresión sexual

En caso de violación, se busca justificar la acción del agresor y se enjuicia a la víctima

Durante 2018, en Chihuahua mil mujeres denunciaron violación y se estima que éste es un número bajo de las agresiones sexuales ocurridas, pues el 80% no se denuncian. El estado también se encuentra en los primeros 4 lugares por llamadas de auxilio al 9-1-1 solicitando ayuda por agresión sexual. Este hecho revela un grave aspecto social en la problemática: al agresor se le justifica y a la víctima se le enjuicia.

Por lo anterior recorro una serie de afirmaciones publicadas en la columna de un informativo en este tenor, columna que no fue firmada porque las impresiones de “los pobres y tan estudiados agresores sexuales” se reflejan de manera anónima, invocando una voz de la sociedad. Como suele ser más cómodo presentar análisis para no asumir el compromiso ético que implica y que me recuerda alguna frase de Miroslava Breach.

Ni siquiera la justicia compensará a la sociedad el daño irreparable… de una violación.

En esta sabia, aunque mal enfocada frase de mi colega, coincido enormemente en que “ni siquiera la justicia compensará el daño irreparable”. Las miles de mujeres que cada día son víctimas de violación solo porque su agresor “lo cree posible” son irreparables. Las maravillosas y exponenciales aportaciones de estas mujeres a la sociedad se ven truncadas, y recuperarse de la violencia sexual, física y sicológica, recibida se convierte en una tarea titánica que les ocupa la mayoría de sus fuerzas y recursos para, de lograrlo, algún día sanar.

La frase tiene otra dolorosa verdad oculta, que es un importante aspecto de debate social y es igual un tema de agresión sexual como de violencia feminicida. Y es que aún con el agresor en prisión, con una condena, cosa que ocurre pocas veces, el sistema judicial no logra impartir justicia, pues la magnitud de lo perdido es irreparable. Es un descanso necesario, pero lo es para iniciar un doloroso proceso de aceptación del hecho, despedida de aquello que no volverá a ser igual y encontrar la forma de seguir viviendo para quienes las amaron. 

El infortunio de la imprudencia.

Una violación no es una imprudencia, es un ataque. Con demasiada frecuencia, en las agresiones a mujeres existe la tendencia de minimizar los hechos para que no se vea tan grave la terrible acción del agresor, cargando para ello el peso de la responsabilidad a quien fue agredida.

Una imprudencia en una reunión social bien podría ser derramar algún líquido sin intensión o chocar contra otra persona, inclusive tomar por descuido el bocadillo olvidado de alguien más. Pero si hablamos se someter en repetidas ocasiones a una persona entre 4 sujetos, eso dista mucho de ser una imprudencia, es un delito y una agresión con agravantes, donde muy poco tiene que ver la fortuna y mucho las decisiones y pensamientos de 4 hombres al creerse con el derecho de actuar sobre el cuerpo de otra persona, sólo por así interesarles.

Una noche de alcohol.

Otro aspecto muy común en el caso de un ataque sexual a mujeres es buscar diluir la responsabilidad del ataque con frases como: “estaban tomando” o “había alcohol”, sin embargo, ante esta afirmación es importante recordar que el consumo de bebidas alcohólicas es una agravante y no un atenuante en nuestro código penal, es decir, aumenta la gravedad del delito en lugar de disimularla.

Hay una razón para ello, y es que una ineludible responsabilidad de quienes consumen alcohol está en conocer los propios límites de ese consumo, es decir, es una actividad autorregulada. Es absurdo pensar que ignorar la responsabilidad de conocer los propios límites justifica cometer agresiones por decidir excederse.

Como ocurre con frecuencia alguien podría pensar que la docente también excedió sus límites de alcohol. Si esto hubiere sido así la consecuencia podría haber sido amanecer con dolor de cabeza, mareada, algo de deshidratación, etc. Pero de ninguna manera la consecuencia de excederse en alcohol es una violación por cuatro hombres.

Cuatro doctores, 24 años de estudios, gran esfuerzo e inversión pública en su formación.

Coincido con quien escribió la columna en el informativo en que este hecho presentado tal como lo hizo es un aspecto que impacta y un grito de fracaso a la sociedad y a las instituciones educativas, particularmente de nivel superior, así como un agravio al presupuesto que las sustenta.

Si pensamos que los 24 años de formación en las aulas de estos cuatro doctores no fueron suficientes para que conozcan la diferencia entre su cuerpo y los cuerpos ajenos, enseñanza que se trabaja desde preescolar, ignoren completamente el respeto y derecho a decidir de otras personas, aspecto básico de la educación superior y sobre todo posgrado.

Sin mencionar la gran cantidad de horas que en su trayectoria de esfuerzos, constantes y estresantes estudios, como lo señala la columna, debieron sumar sobre ética, autocontrol, derechos humanos, libertad de decisión y un sinnúmero de materias relacionadas más.

Esperemos que sí sean pocos doctores con su nivel.

Si toda esa educación no logra detener el instinto más básico de atacar a otra persona, física y sexualmente… ¿de qué nivel de fraude educativo hablamos?, ¿o qué enfoque y nivel de personas forman nuestro sistema educativo? En este sentido la afirmación de mi colega es de considerarse, 24 años de esfuerzo educativo no logran frenar a cuatro hombres en estado etílico de cometer una agresión sexual.

Y termino con una pregunta que me ha resonado con fuerza en el cierre de la columna: “4 catedráticos de excelencia”, pero ¿en verdad se puede considerar de excelencia a un agresor sexual?, esto independientemente de la cantidad de cuadros meritorios colgados en la sala, para la sociedad y la universidad ¿es más importante el kárdex que la conducta? En verdad, como afirma la nota, espero que sí sean pocos los doctores con el nivel de estos cuatro, pero mucho temo que la realidad va más allá.

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